Landing o web completa: cuál necesitas
Una landing vende una cosa. Una web explica muchas. Cómo decidir sin pagar páginas que nadie va a leer.

La pregunta llega casi siempre así: «¿me conviene una landing o una web?». Y casi siempre la respuesta depende de algo que el cliente no me ha dicho todavía: qué quiere que pase cuando alguien entre.
Una landing tiene una sola salida
Una landing está hecha para que el visitante haga una cosa. Escribir por WhatsApp, dejar su correo, reservar, comprar. Todo lo demás se quita, porque todo lo demás distrae.
Por eso una landing no suele tener menú. El menú es una invitación a irse a otro lado. Si tu objetivo es que te escriban, cada enlace que no lleva a eso te resta.
Funciona cuando vendes un servicio claro, cuando tienes publicidad llevando gente a un sitio concreto, cuando lanzas algo, cuando estás validando si una idea interesa.
Una web explica un negocio
Una web tiene varias páginas porque hay varias cosas que decir y distintas personas buscando distintas cosas. Alguien busca precios. Otro busca saber si eres confiable. Otro busca el catálogo completo.
Funciona cuando tienes varios servicios que no se parecen entre sí, cuando el catálogo es grande, cuando la gente te busca por tu nombre en Google, cuando necesitas que te encuentren por muchas búsquedas distintas.
La pregunta que lo decide
¿De dónde va a venir la gente?
Si viene de un anuncio, de tu bio de Instagram o de un mensaje que mandaste tú, ya sabe algo de ti y viene con una intención. Eso es una landing.
Si quieres que te encuentren buscando en Google, necesitas páginas. Google indexa páginas, no secciones. Una sola página puede posicionar para un puñado de búsquedas. Diez páginas bien hechas pueden posicionar para cien.
El error caro
El error no es elegir mal. Es pagar una web de ocho páginas cuando todavía no sabes qué vendes.
Lo he visto muchas veces. Alguien empieza, encarga la web completa, y a los seis meses el negocio cambió: ahora el fuerte es otro servicio, los precios son otros, el público es otro. La web quedó vieja y rehacerla cuesta casi lo mismo que hacerla.

Si estás empezando, una landing buena te saca del paso, te deja medir y cuesta una fracción. Cuando ya sepas qué funciona, la web crece encima.
El camino intermedio
Hay una opción que uso mucho: una landing principal, bien hecha, y páginas sueltas que se van sumando. Cada servicio, su página. Cada caso, la suya.
No es una web completa desde el día uno. Es una web que crece a la velocidad del negocio, sin tirar nada de lo anterior. Y cada página nueva es una puerta más de entrada desde Google.


