Tipografías: con dos basta
Una para titular, otra para leer. Por qué añadir una tercera casi siempre empeora el resultado.

Cuando alguien me manda una pieza para que le diga qué le falta, lo que suele sobrar son tipografías. Tres, cuatro, a veces cinco en el mismo flyer.
La intención es buena: dar variedad. El efecto es el contrario. Cuantas más fuentes hay, menos se nota cuál es la importante.
Qué hace cada una
En un sistema de dos, cada fuente tiene un trabajo.
La de titular es la que da carácter. Puede ser más rara, más marcada, más tuya. Se usa en pocas palabras y a tamaño grande, así que puede permitirse personalidad.
La de texto es la que se lee. Tiene que ser cómoda en párrafos, en tamaños chicos, en pantalla y en papel. Aquí la personalidad estorba.
Si una fuente puede hacer las dos cosas bien, con una basta. Muchas familias modernas traen suficientes grosores para construir toda la jerarquía sin ayuda.
De dónde sale la variedad
De los grosores y los tamaños, no de añadir familias.
La misma fuente en negrita grande, en regular mediano y en gris pequeño ya te da tres niveles perfectamente distintos. Añade mayúsculas con las letras separadas para un detalle y tienes cuatro. Todo con una sola familia.
Eso se ve ordenado. Cuatro familias distintas se ven, simplemente, desordenadas.
Cuándo sí entra una tercera
Hay un caso: cuando hace un trabajo que las otras dos no pueden. Una fuente de números para precios en una tienda. Una monoespaciada para código. Una manuscrita que solo aparece en la firma.
La prueba es sencilla. Si puedes quitarla y nadie nota la diferencia, sobra.
El error de elegir por gusto
La tipografía no se elige mirando el póster del catálogo. Se elige probándola con tu contenido real: tu nombre, tus títulos de verdad, tu párrafo más largo.
Muchas fuentes preciosas se caen cuando les pones un título de nueve palabras, o cuando el texto lleva tildes y eñes mal dibujadas. Eso solo se ve probando.

Lo que hay que anotar
Una vez elegidas, se escriben en un sitio donde cualquiera las encuentre: nombre exacto, qué grosores se usan y para qué va cada una. Dos líneas.
Sin eso, el primero que haga una pieza va a abrir el desplegable y elegir la que le suene. Y ahí se acabó el sistema.


