Cuántas versiones de tu logo necesitas de verdad
No son veinte. Tampoco una. La cuenta sale de dónde vas a usarlo, no de lo que trae el paquete.

Hay dos extremos y los dos dan problemas. El paquete de veinte archivos que nadie sabe cuándo usar. Y el archivo único que no sirve para la mitad de las cosas.
La cuenta correcta sale de una pregunta: ¿dónde va a aparecer esto en los próximos dos años?
Las cuatro que siempre hacen falta
La principal, completa, en color. Es la que se usa el noventa por ciento del tiempo.
La reducida. Normalmente el símbolo sin el nombre, o el nombre sin el símbolo. Para el perfil, el favicon, el sello, cualquier espacio chico o cuadrado.
La de una tinta, en negro. Para facturas, sellos, serigrafía, fax, fotocopias, bordado. Todo lo que no tiene color.
La de fondo oscuro, en blanco. No la principal invertida automáticamente: dibujada para eso.
Con esas cuatro se resuelve casi todo lo de una marca pequeña.
Las que dependen del caso
La versión horizontal y la vertical. Hacen falta cuando el logo tiene que entrar en espacios de forma muy distinta: una cabecera ancha y una etiqueta alta no aguantan la misma proporción.
La versión sin degradado, si el principal lo tiene. Para impresión barata, vinilo y bordado.
El sello o marca de agua, si vas a firmar fotos o documentos.
Y la versión animada, solo si vas a hacer video. Si no, es dinero parado.
Los formatos
De cada versión hacen falta dos tipos de archivo, y solo dos.
El vectorial, que es el que no se pixela nunca y el que va a imprenta. Es el archivo maestro. Si lo pierdes, pierdes el logo.

Y el de píxeles con fondo transparente, para el día a día: pegar en un documento, mandar por WhatsApp, subir a una plataforma que no acepta vectores.
Todo lo demás son conversiones que se hacen en un minuto cuando hagan falta.
La parte que casi nadie entrega
El nombre de los archivos. Suena menor y no lo es.
Si los archivos se llaman «logo final 3 ok», dentro de un año nadie sabe cuál es cuál y alguien va a mandar a imprenta el que no era. Si se llaman por lo que son —principal, reducido, negro, blanco— cualquiera los usa bien sin preguntar.
Y con eso, media página explicando cuándo va cada uno y cuánto aire necesita alrededor. Eso es lo que hace que la marca sobreviva al diseñador que la hizo.


